Sandra. Mide 1,70, y tiene 17 años.

 y hasta hace unos meses pesaba 52 kilos. Quiso adelgazar un poco. No mucho. Lo justo para el verano, un kilo, no más de dos.
Adelgazó doce kg , y cuando pesaba 40 sus padres la ingresaron en el hospital del Niño Jesús de Madrid. Sabía que estaba enferma. Antes de llegar al hospital leyó libros que hablaban de anorexia y se reconoció. Le daba igual. No quería curarse. En realidad, curarse o no le daba igual. No quería comer. El primer día en el hospital bebió un zumo y lloró por haberlo bebido. Entonces se dio cuenta de lo difícil que le iba a resultar librarse de la anorexia.
Sandra pasó el verano estudiando en Estados Unidos. Allí empezó a vomitar y a anotar cuidadosamente lo que había comido cada día y lo que merecía comer al día siguiente. Cada vez un poco menos. Cuando volvió a Madrid dejó de vomitar y también dejó de comer. Doce kilos menos en dos meses. "No tengo hambre, ya he tomado algo por ahí, hoy no me apetece cenar, comí demasiado a mediodía... Sí, he adelgazado un poco, pero me siento bien, ya recuperaré peso...".
 Sandra es inteligente, es linda, estudia en un buen colegio, no baja del notable, lee muchísimo, hace deporte, tiene amigos, actúa en un grupo de teatro, quiere estudiar psiquiatría... 
Eso es lo que ella ve. Cuando  habla de sí misma, es inteligente pero no brillante. Desde luego, fea. De ningún modo sobresaliente. La amistad le resulta difícil y las relaciones con los chicos, casi imposibles. Sin duda, por su culpa.
Sandra se ha asustado mucho en el hospital. Ve a otras adolescentes anoréxicas con un tratamiento parecido al suyo. Un mes de ingreso y quizá años de terapia después. Algunas van por la cuarta o la quinta recaída. Se portan bien, porque quieren salir cuanto antes para perder el peso que han ganado. Le preocupa no ser capaz de controlar su enfermedad cuando no tenga una enfermera vigilando que se come hasta la última miga y la puerta del cuarto de baño cerrada con llave para evitar la tentación del vómito. Ha visto una enferma crónica que pesa treinta kilos y sigue negándose a ganar peso. Se deprime cuando alguna niña esconde un trozo de pan en el bolsillo del pijama, porque hay que evitar comer lo que se pueda, aunque sea una uva. Se deprime primero y se aterroriza después, porque a ella le hubiera gustado hacer lo mismo.
Sandra escribe cuentos y un intento de novela fantástica. Escribe además un diario desde hace años. Un diario que ha continuado en el hospital, que en los últimos meses no habla casi más que de su enfermedad .
Diario del verano del 96
Diario del verano del 96
 

Puedo leer, ver la tele y escribir, puedo salir, perder el tiempo y hacer básicamente lo que quiera... Bien, quería decir que hoy no he comido hasta la cena. Genial, porque no tenía hambre, pero en la cena he comido demasiado y no ha servido de nada. Me siento gorda.
18 del 7 

Son las nueve y media en Madrid. Aquí las tres de la madrugada. Llevo 24 horas sin dormir, pero no tengo sueño. Estoy en Estados Unidos chapurreando cautelosamente un idioma que desconozco. Lentamente, todo irá saliendo.
24 del 7 

A las siete teníamos que cenar... Pizza. Estoy intentando controlarme, pero mira lo que he comido hoy.
Cereales
Sándwich de queso
Un poco de fruta podrida
Pan con queso
Lechuga
¿Ves mis intentos? Pero no hay mucho donde elegir.
28 del 7 

La cabeza me va a estallar. Llevo una hora dando vueltas en la cama, despierta por no sé qué extraña pesadilla, pensando en lo que quiero hacer con mi vida. Ayer quería venir aquí. Hoy sólo quiero dejar de tener cerebro. He pensado en papá. He pensado en la universidad. Aquí he amontonado preguntas.
 

3 del 8 

A lo mejor tengo un problema. Me he pasado la noche vomitando y no sé qué voy a hacer. Habíamos ido al cine y comí palomitas. Entonces me ardía el estómago. Al llegar a casa intenté vomitar y sólo salía un líquido amarillo asqueroso. Así que cené. Jamón york frito y unas patatas con queso. Vomité. Así que tomé un yogur natural con leche y un plátano y perfecto. Entonces llegó Bill con la comida mexicana y comí dos setas de ésas y dos palos de queso. Así que tengo la tripa llena y me siento gorda.
6 del 8 

El lunes estuvimos todo el día de compras. Me sentía cansada y obsesionada por la comida. Cené demasiado y quise vomitar, pero no pude, lo que fue realmente frustrante... Hoy creía que llegaríamos a las cuatro, pero paramos unas tres horas en Albany en casa del hermano de Bill, tiempo suficiente para tener hambre y comer tarta. Después, a eso de las siete, paramos de nuevo y me comí un helado.
Y por fin llegamos a casa. Había sido un día realmente asqueroso. En Albany me estaba muriendo de asco y en el coche a ratos no podía más, así que sólo pensaba en vomitar. Conseguí vomitar un poco y fue un alivio, porque hacía unos días que no podía.
No brillo en nada, no me distingo en nada. Y yo lo sé. Pero decírselo a A. es como reconocer que este año no he querido a nadie y nadie me ha querido. Es como dejar de luchar contra la palabra mierda.
Sí, soy una mierda. Mírame, me quito la ropa, me descubro, sí soy una mierda. Decir: nada me sale bien, ningún chico de los que quiero me quiere. Es como decirle a A. soy fea, no me tengas alto en tu escala de valores, porque no valgo para nada, y desde luego no me creas capaz de nada porque soy fea. No, no puedo dejar que ella crea eso. Simplemente, no puedo.
15 del 8 

(...) Me gustaría comer una manzana, comer un yogurt de chocolate con galletas sin vomitar y sin engordar, beber leche de fresa, pero no lo necesito. Tengo la panza llena... Está bien, 48 kilos es genial. Menos no. 52, ¡ah, no, es demasiado! Me sorprende cómo antes podía comer patatas fritas y eso. Ya no puedo. ¿Por qué quiero seguir adelgazando? No, yo sólo quiero no engordar. ¿Y un helado? ¿Cuándo te permitirás un helado? Sólo si me salto unas comidas. Sí quiero seguir saltando comidas, quitando el hambre con fruta para no engordar PERO, si mamá cocina cosas deliciosas, no puedo... Es mejor saltar la comida, comer el helado y vomitar. Entonces sí sirve, porque no engorda.
18 del 8 

Estamos en un cámping y aún no he conocido a nadie. No me he sentido simpática ni graciosa ni abierta. Lo que quiero decir es que nadie va a querer conocerme por ser simpática, porque tengo miedo. Ni tampoco por ser mona, hay demasiadas rubias delgadas aquí. Si alguien me dijese que con la dieta que llevo me voy a quedar en 48 kilos no volvería a pensar en vomitar. Si alguien me dijese que con la misma dieta y vomitando adelgazaría más ni me lo plantearía. Pero aún así no vomito. Por pereza. Por asco. Tanto da. Hoy he desayunado una galleta (en realidad media) y un yogur con cereales. Luego he comido medio tomate con atún (sal y aceite) y un bocata (en pan de baguette, y eso que quería renunciar al pan, seguro que eso contribuye a ganar peso) con un montón, pero una burrada de queso. Si tan sólo hubiera comido fruta merecería una buena cena, moderada, pero de cualquier cosa. Sin embargo he hecho una buena comida, con lo cual no merezco cena ¿Entiendes?
19 del 8 

Me duele el estómago. He querido vomitar porque me han obligado a comer sin hambre. Ahora sólo sé que el desayuno con el que soñaba va a tener que esperar y que:
1-He cenado sin hambre
2-He comido demasiado
3-No lo merecía.
31 del 8 

Sólo quiero contarte las pesadillas que he tenido estas últimas noches. En la primera yo acababa de comer. Estaba increíblemente llena.Entonces llegaba mamá que me había comprado un helado de vainilla con cookies y, como sabía que me gustaba, un paquete de cookies. "Te lo tienes que comer todo", decía, porque es muy caro. Era horrible porque no podía más.  Hoy he tenido dos sueños. En el primero yo comía un montón de galletas, como antes, en los viejos tiempos, una burrada. Me alegré al despertar.
 

2 del 9 

Bueno, esto fue lo que X. me dijo: "Sí, estás flaca, pero estás bien. Sólo te hace falta músculo en los brazos. Haz flexiones".
No he vomitado desde que volví de Estados Unidos y no quiero hacerlo. Ahora bien, estoy comiendo casi siempre más por costumbre que por hambre y eso me molesta. Quiero hacer mucho deporte para tener hambre. Y después de comer queso, hacer deporte para quemar en caso de exceso. Por otro lado, flexiones, abdominales y flexibilidad. Eso es lo que quiero. Ahora me espera la cena. Pescado y patatas fritas. No tengo hambre. Me levanto con legañas, mocos y dolor de garganta tras una noche de pesadilla. Con desgana desayuno por rutina y empieza el día de no hacer nada. No me quejo, no es una queja.
9 del 9 

Acabo de pensar una cosa. TERMINO EL VERANO 96 ¿Qué ha quedado de él? Más problemas, 46 kilos y no sé si amigos al otro lado.
17 del 9 

Hoy me he vuelto a pesar. 45,450. Supongo que estoy comiendo demasiado poco en comparación con lo que necesito. Algo tiene que cambiar. Pero no va a ser fácil. Sabes que no.
22 del 9 

Siento mucho frío. Aunque me envuelva en lana, mis pies y mis manos siempre están frías. La piel eternamente erizada. Tengo mucho frío. Pero lo soporto, porque no hay causa.
-A veces, sin haber hecho ningún esfuerzo, me siento cansada. Como si no tuviera fuerzas para seguir, como si simplemente no pudiera. Pero puedo y por eso lo olvido.
-Se me ha despellejado todo el cuerpo. Cuando me desvisto un polvo blanco se dispersa en el aire. Virutas de piel muerta. De mi piel muerta. No importa.
-No tengo regla. No sé muy bien lo que es ir al baño.
-Hay una idea que me atormenta. Una idea que puebla mis noches de pesadillas. Al despertar, me siento aliviada. Pero es sólo un tiempo, puedo vivir con ello, así que también lo ignoro.
-Quizá he aprendido algo. He aprendido a controlar mis sensaciones, frío, calor, hambre, sed.
-Mentía al decir que quería tener hambre. Porque lo que yo sé es que no quiero comer ni quiero pensar en ello. No sé por qué es así, pero lo es.
 

14 del 10 

Quiero contarte un sueño muy gráfico que he tenido hoy. Yo llevaba una compresa gigante, enorme, gorda... Pero al mirar no había regla, sólo una especie de manchita marrón, como si hubiese vomitado un poco. Era más bien vómito lo que había en esa compresa. En el otro sueño querían matarme...
PD. Respecto al peso... El otro día 43, 500 más o menos. He ido dos veces al psicólogo pero no me ha dicho nada nuevo. Mamá habla de ingresarme. Confío en que no me estropeará la vida de esa forma. Realmente camino sobre una cuerda floja con un cerebro muy vacío y abierto sólo a una cosa ¿Tienes algún sueño? Oh sí... Suelo soñar con comida.
15 del 10

Tic, tac, tic, tac, prosigue la cuenta atrás. Tic, tac, tic, tac, 42, 700 marcó esta vez ¡Oh! es después de aerobic. ¡Oh!, es antes de cenar.
17 del 10 

Papá me ha hecho decirle que sé que hay anorexia de por medio y que voy a intentarlo. Pero yo no quiero comer ni tengo hambre ni quiero intentarlo. Todo depende de mí y sólo de mí. Hoy he desayunado un vaso entero de papilla y he comido dos empanadillas a rebosar de queso y coliflor con bechamel y más queso.
Me siento mal. No quiero recuperar peso. No quiero y no quiero. Así estoy bien. No me siento más cansada ni más débil. Sólo tengo frío y no tengo la regla. Estoy bien, estoy bien. He perdido peso y estoy bien. Así que no sé por qué no me dejan en paz. Si es por el físico, que les jodan. No estaba más guapa antes y si lo estaba, qué divertido que se den cuenta ahora. Acabo de pensar. Ese chico rubio nunca saldría conmigo y seguro que me despreciaría si supiera todo esto. He leído mucho sobre anorexia y tengo muchos rasgos, pero si estoy enferma, no quiero curarme.
A lo mejor estoy cansada de ser hipócrita.
-Vale, papá voy a intentarlo.
-Si tengo que engordar, engordaré.
Estoy bien, bien, bien. Y no quiero, no quiero engordar. No quiero. Y hoy he comido y ojalá pudiese quemarlo todo o no haber comido.
Mamá está comprando cosas. Hay galletitas, hay nocilla, hay cereales, hay fruta, hay magdalenas, hay yogures y yo no sé qué desayunar y ni siquiera si quiero desayunar. Y luego hay comida y yo no quiero comer.
Pero lo hago. Bueno, sólo quería contarte cómo van las cosas. Me llevó dos veces al psicólogo pero no me dijo nada que yo no supiera. Ayer volví a la consulta del endocrino que me recetó no sé qué cosas y habló de clínicas si llegaba a los 38 kilos. Y yo no quiero curarme.
Me toco los hombros y siento un montón de huesos. Soy un puto hueso me digo. Está bien. No me muero y no tengo hambre.
 
20 del 10 

Mi vida ha cambiado. Empieza la recuperación. En el autobús X. me dijo que me estoy suicidando. y que el cole y toda mi vida se destruía, que tenía que cambiar de aires. Me dijo que me fuera con él el fin de semana que viene. Yo le contesté que pensaba que él no quería estar conmigo. Se echó a llorar y eso me devolvió la vida.
21 del 10 

Tic tac, tic, tac. No lo he entendido del todo. 42 kilos. Hoy no he ido al cole porque he visto a dos psiquiatras. El doctor Morandé, o como se llame hablaba de hospitalización... Mierda, ahora que me curaba. Y luego comí. Comí y voy a cenar. Aún así, 42. El reloj que avanza.
23 del 10

Me equivoqué. Me equivoqué como en tantas cosas. No ha empezado una nueva etapa. No estoy a los pies de una gran montaña, no voy a empezar a vivir ni se ha hecho la calma después de la borrasca.
Bueno, se me ha caído el mundo encima, he querido llorar pero no lo he hecho. Soy agria y malcriada con quien me ha traicionado. Por mi bien, no lo dudo, pero no me importa, y me siento lo suficientemente confusa como para justificar mi egoísmo y no pensar más que en mí y en que estoy enfadada.
En fin, ya no siento nada.
Yo no quiero ir a un hospital. No quiero, no quiero. No quiero. No es por miedo, es que me dan ganas de llorar. Y me molesta. No quiero ir a un hospital.  Tengo que ir a cenar. No tengo NADA de hambre... En el hospital me harán comer pan. No quiero que nadie lo sepa.
25 del 10

Tengo, tengo, tengo, un pequeño problema. ¡Nos vamos! ¡Nos vamos! ¡Sí! Sabes que tengo problemas con la comida, lo sabes. Hay cosas que quiero comer antes de ir al hospital. Queso, empanadillas, papilla, galleta ¡Nos vamos!
(No había comido nada en todo el fin de semana. Perdí un kilo y medio en dos días).
29 del 10 

En el hospital. Llegué ayer y había camas, claro que había camas. Me da rabia llorar, pero también lloro de rabia y eso no lo puedo evitar. Me desesperé y todas las veces que he llorado ha sido por eso. Ese día había comido. Mucho, mucho queso..., pero me obligó la vieja de la voz amable y tranquila a tomarme un zumo que bebí llorando. Hoy he tenido que hacer caca con la puerta abierta... No veas cómo ha dolido, sentía vergüenza, rabia e impotencia.
No me he lavado los dientes desde hace dos días, ni me he duchado ni me he enjuagado la boca, no puedo andar y sólo como, como y como. Y como pan, un pan asqueroso. He tenido que merendar un bocata de jamón york con queso.
Yo mentía a mi madre al decirle lo que había comido a mediodía. (Vaya, esta es la primera vez que lo digo y suena... suena mal).
Acabo de cenar. 2.000 Kcal y luego reposo, reposo, como una gorda. Comer y descansar, comer y descansar. Y todo el mundo, los traidores por todos lados, por todas partes.
Quiero hacerlo todo bien, porque no me gusta estar aquí. No sé si eso es bueno o malo, pero es la verdad. No puedo querer curarme porque primero quiero asumirlo todo bien. Sé que no puedo dar el segundo paso sin haber dado el primero antes.
30 del 10 

(...) En la merienda he descubierto que mi plátano era doble. Increíble. No sé de dónde sacan fruta tan enorme. Mi plátano tenía dos plátanos. Saben cómo hacer que todo esto sea odioso. Ya lo creo que lo saben. No toquéis la comida. Comeros los pipos de las uvas, bla, bla, bla.
31 del 10

Estoy harta... Ayer por la noche me dieron dos pastillas y luego almax. Esta mañana me han vuelto a dar otra pastilla y almax. Y ahora, antes de comer me han dado otra cosa. Ya les vale ¿no? Estoy furiosa, estoy harta. No quiero que me den nada más. Ya vale,  ¡basta!
Sé cuanto peso: 42, 400 gramos. He recuperado dos kilos... Cuando ingresé pesaba 40, 080
Hoy al ver a A. me he agobiado increíblemente ¿Cómo? ¿Cómo ha podido llegar a eso? Es que no puede vivir, es que no es nada. Se va a morir. No puede ser. Dan ganas de gritarle: ¡"Reacciona"! ¡Que te mueres! No es que estés muy delgada, es que estás enferma, te mueres. ¡Entra en razón! Pero A. lleva cinco años enferma. Tiene diecisiete años y pesa 34 kilos. Se ve gorda. Chica, te mueres.
Ojalá no tuviera que ver comer a la chica ésa. Se esconde a todas horas la comida en el pantalón. Desmenuza el pan, las galletas, desparrama la comida y consigue no comer ni la mitad de lo que le ponen. Son celos ¿no? ¿Celos de no poder hacer yo lo mismo? (...) Tendré que pensar en todo esto, pero ahora estoy cansada.
 

2 del 11 

¿Sabes? No espero oír el carrito de la comida. No. No tengo ansiedad. Y hoy he tenido hambre y estaba muy feliz después de comer.
3 del 11

Hoy me he relajado demasiado. No he pensado nada. Salvo ahora que me vuelvo a agobiar con lo de que hacerlo bien me está convirtiendo en una sin importancia y sin valor... Puedo curarme de la anorexia. Te juro que parece mucho más sencillo que curarme de lo otro. La anorexia es cuestión de voluntad, lo demás me tortura el cerebro. Lo que yo quiero es que no se olviden de mí.
Bah, mierda.
Tienes el defecto de ser egoísta y de necesitar atención.
¿Cómo se lucha contra los defectos?
Un egoísta ejercerá la generosidad.
7 del 11

Es mucho más fácil caer que salir. Y yo no estoy saliendo. Mírame. No quiero. Ahora que lo estaba haciendo bien... Me estoy volviendo depresiva. Así que soy estúpida. Espera, que me calmo. Calma...


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