El pais de Nunca comer

Por Silvia Fendrik

(Apasionante y desmitificador viaje de una especialista por la historia de la anorexia)

 

No lo hacen para estar flacas. No lo hacen para estar bellas. No son frágiles. Y no, no todas corren riesgo de muerte. La psicoanalista argentina Silvia Fendrik, autora de los libros Psicoanálisis para niños: Ficción de sus orígenes (Amorrortu, 1989), Desventuras del psicoanálisis (Ariel, 1993) y Santa anorexia (Corregidor, 1997), sostiene en su nuevo trabajo -El país de Nuncacomer, editado por Libros del Zorzal- que las anoréxicas no son todo lo que se acostumbra a decir de ellas: adictas a las dietas, mujeres débiles influenciadas por el ideal de belleza reinante.
"La fuerza, la voluntad que tiene una anoréxica, es de una dimensión enorme, que la gente común no tiene -dice Fendrik-. No tiene nada de débil ni de frágil ni de influenciable. Dicen que estas chicas sugestionables se someten a los dictámenes de una moda tiránica que establece criterios discriminatorios de belleza femenina, y que entonces hay que ayudarlas para que se puedan proteger ¿Por qué? Porque son débiles. Y ocurre todo lo contrario: las anoréxicas no son nada débiles. Hay un momento de quiebre, llegada la pubertad, y entonces aparece una voluntad tremenda puesta al servicio de controlar todo lo que entra y sale del cuerpo. El tema del control y del autocontrol en las anoréxicas es muy fuerte."
El país de Nuncacomer -reexamina los conceptos que la autora había desarrollado en Santa Anorexia, con un lenguaje más accesible y acompañados por dibujos de Juan Pablo Presta. Fendrik discute las creencias instaladas sobre la anorexia tal como se la divulga: como una epidemia de estos tiempos por la cual mujeres, generalmente jóvenes, se imponen dietas cruentas persiguiendo un ideal de belleza difícil de alcanzar. Según esta teoría, la dieta indefectiblemente se extrema hasta que comienza el deterioro del cuerpo y llega la muerte.
"La anorexia existe y tiene diagnóstico, pero no existe como epidemia. Las estadísticas que avalan esto no son serias. Hay casos aislados de verdaderas anoréxicas de muy difícil tratamiento, pero lo que más se ve son pseudoanoréxicas, chicas que están haciendo una dieta muy severa para bajar de peso. Una anoréxica verdadera es una cosa muy oscura, de puro enigma. Que se caigan el pelo, los dientes no es la primera estación del no comer. Para que eso suceda hay que haber recorrido un largo camino. Pero si en ese primer momento aparece una alarma, el terror al riesgo de vida, y la familia interviene autoritariamente, o internan a la chica en una institución, ahí empieza la guerra. Y esa guerra puede conducir a una rigidización del no comer."
El país de Nuncacomer organiza una línea conductora desde las santas y brujas de la Edad Media, pasando por las diagnosticadas histéricas del siglo XIX, hasta las anoréxicas de hoy. Muchas de las "brujas" perseguidas por la Inquisición vivían sin alimentarse, rasgo que se consideraba fundamental a la hora de diagnosticar una relación directa con el demonio. En el otro extremo, Catalina de Siena, futura santa, se negaba a ingerir alimentos a pesar de la insistencia de sus guías espirituales, confesores y padres. Casos como el de Catalina, una joven con un poder ilimitado sobre su propio cuerpo y que demostraba un férreo propósito de mantenerse en ese estado de cosas, alarmaban a la Iglesia: brujas y santas anoréxicas rechazaban su poder mediador al entrar en contacto directamente con Dios o con el diablo. "El sello inconfundible de las santas anoréxicas -escribe Fendrik- era la desobediencia a los mandatos de la Iglesia en materia de alimentación . Encontramos que muchas de nuestras modernas anoréxicas ya estaban presentes en los ayunos místicos de las santas, en las cacerías de las brujas, en las elegantes mesas burguesas de nuestros tatarabuelos, en la literatura romántica. El aire de los tiempos nunca es uniforme, aunque la historia oficial se establezca cerrando puertas y ventanas para evitar que se filtren ventiscas o vendavales que rompan las pautas del saber preestablecido, que se pretende homogéneo y sin fisuras."
Fendrik apunta también sus disidencias con respecto a los primeros investigadores feministas, que encontraron la relación entre la anorexia actual y la práctica del ascetismo en el Medioevo: "Ellos denunciaron que había una norma social contra la que las anoréxicas se rebelaban a través del no comer. No coincido en hacer de las anoréxicas heroínas, rebeldes que se oponen al orden establecido, transformándolas en militantes de una causa de la que no tienen ni idea, pero ellos descubrieron que en la Edad Media las chicas de clases altas o hijas de comerciantes adinerados, como Santa Clara, eran prometidas en matrimonio desde muy chicas a señores viejos que se elegían por conveniencia. Elegir el convento y el ascetismo era ir contra una parafernalia de poderes. Y me pregunto si más allá de lo distinto que es el mundo después de la revolución sexual, no hay hoy una pauta cultural equivalente, un mandato que dice que a los 13 o 14 años la que es virgen es una tarada. ¿Qué pasa con estas chicas que son vírgenes a la edad en que la norma marca que ya no deben serlo? El rechazo a ese mandato no se puede decir porque se responde con un ?¿En qué época vivís?´ Pero la anorexia nunca se relaciona con la sexualidad. Siempre es comer o no comer. Y en realidad, las anoréxicas tienen un cinturón de castidad, pero en la boca".
En el siglo XIX, la psiquiatría dictaminó que los transportes místicos de Santa Teresa de Avila habían sido grandes ataques histéricos y la anorexia pasó a ser considerada, cada vez más, síntoma de la histeria. Como enfermedad autónoma cobró entidad a mediados del siglo XIX, cuando dos psiquiatras, Charles Lasègue, en Francia, y Sir William Gull, en Inglaterra, se atribuyeron al mismo tiempo el descubrimiento y la definición de las anorexias histérica y mental, respectivamente. El primero aconsejaba una postura prudente: aseguraba no haber visto morir a ninguna de estas pacientes "a menos que el médico o la familia se obstinen en forzarla a comer. En ese caso, una voluntad férrea, perversa, se apodera de las jóvenes y puede llevarlas hasta límites peligrosos". Sir William Gull, por el contrario, sostenía que esta conducta implicaba riesgo de muerte y aconsejaba internar a las enfermas en establecimientos especiales. Sobre este punto, Fendrik tuvo una revelación inquietante que anotó en el postfacio de su libro: William Gull, defensor de internaciones compulsivas, es el principal sospechoso de ser el asesino serial de mujeres más famoso del globo, Jack el Destripador.
"El dato se conocía, pero nadie lo unió conceptualmente con la anorexia. Mi editor brasileño, que iba a publicar un libro llamado Do Inferno, basado en la investigación del historiador inglés Alan Moore, ilustrado por Eddie Campbell, reconoció en mi libro el retrato de Gull. En este tema que tiene que ver con la crueldad, el forzamiento y la amenaza de muerte, no es un detalle menor que el psiquiatra que promovió la idea de que la anorexia nerviosa es una enfermedad mortal fuera nada menos que el principal sospechoso de ser un asesino serial de mujeres. Flor de chiste."
En el siglo XX, la anorexia empezó a diagnosticarse ante diversos síntomas: pasión por las dietas, terror a engordar, extrema delgadez. Las diagnosticadas eran, en su inmensa mayoría, mujeres. Mujeres jóvenes. "Y sin embargo -dice Fendrik-, no se estudia esa relación entre la anorexia y lo femenino, entre la anorexia y la sexualidad. Si esto sucediera con hombres o con ancianos, no existiría este discurso de meter pánico. Lo que aterra es ese target. Las mujeres jóvenes. Que sean ellas las que pretendan tener el control. Qué es lo que vuelve obsesivo a ese control es lo que hay que poder escuchar. En este mundo donde lo imprevisible reina, donde todo se va de control, se puede llegar a pensar: bueno, controlo lo poco que puedo controlar: mi cuerpo. Con la aparición de la menstruación y los cambios hormonales, las mujeres jóvenes tienen la evidencia de que no pueden controlar su cuerpo. En estas chicas hay toda una simbología atrapada. Está el tema de la pureza, de un misticismo laico, no religioso. Hay un convencimiento de que están en un camino de purificación que no están dispuestas a ceder en nombre de nadie. Hay algo ahí encerrado que les impide hacer una vida como la de otras chicas. En ellas hay una contraposición entre un deseo de hacer una vida entre comillas normal, salir a bailar, tener novios, tener sexo, y algo que se los impide. Pero una anoréxica no entiende qué le pasa. Para ellas, también es algo oscuro."
El discurso de ser flacas para ser más bellas, no obstante, no aparece, explica Fendrik, en estas mujeres: "Más bien sienten miedo al mirarse en el espejo. Pero en verdad decir esto es una guerra perdida. Los argumentos según los cuales hay una continuidad entre los ideales de belleza y la anorexia están demasiado instalados, aunque no hay una casuística ni una continuidad entre ambas cosas. Una de las cosas que más me molesta es la certeza con que se maneja uno de los discursos más difundidos, el que establece una relación causal entre el peligro de las dietas y la anorexia. Como si una dieta fuera un viaje de ida. Las asociaciones tradicionales que trabajan con el tema en la Argentina insisten con meterle miedo a la gente, les dicen a los padres que ante el menor síntoma tienen que internar a sus hijas, y esos padres las internan y las dejan a merced de tratamientos que son carcelarios, de un autoritarismo terrible, donde lo crónico o lo leve se tratan igual, porque según ese razonamiento, nada es leve, todo es un camino sin retorno. La base de la captura de la gente es el temor, pero todo el aparato ideológico de la cultura actual está apoyado en crear un prejuicio, alimentar un temor y ofrecer una solución inmediata."

 

Lo que se dice hoy sobre las anoréxicas, crease o no es prácticamente lo mismo que decían los psiquiatras del siglo XIX cuando describieron la anorexia como una forma de histeria: chicas jóvenes, de clase media o alta que teniendo todo para estar bien eran inmaduras, caprichosas, mentirosas, perversas. Como no existía la moda de la delgadez, la causa era la frágil mente femenina influenciada por la lectura de folletines románticos que la debilitaban o pervertían. Los psiquiatras sabían la causa de antemano, y no les importaba escuchar, el lema era internarlas para forzarlas a comer. Habían heredado su saber de la Iglesia, que desde la Edad Media conocía bien el tema de las santas y las brujas que no comían porque estaban en trato directo con Dios o con el Diablo.
Hoy es la moda la causa del infierno o del cielo de la anorexia. El caso de la modelo uruguaya muestra el prejuicio: “Si es modelo y se murió seguro que era anoréxica”. Si las causas fueron otras, no se de interés mediático. Karen Carpenter, la cantante pop de los 60´ fue la primera celebrity cuya muerte se atribuyo a la anorexia, aunque la autopsia reveló pinchaduras en diversas zonas del cuerpo.
De la relación de la anorexia con la sexualidad, de los miedos en relación al cuerpo que dominan a las chicas cuando llega a la pubertad, no se habla. Con la liberación de la sexualidad, los síntomas, las angustias, las inhibiciones, solo tienen cabida en los consultorios de los analistas. Muchas chicas tienen un cinturón de castidad en la boca. La relación de la anorexia con la sexualidad femenina y de ésta con los modelos culturales de cada época, la nuestra incluida, es olímpicamente ignorada. Ninguna anoréxica se muere por querer imitar a una modelo, ni es por culpa de la moda que hoy tantas chicas sufren anorexia.
 
 
 
 
 


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